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CONCHITA
BARRECHEGUREN GARCIA
Quienes se han aproximado a su figura, nos la presentan como una joven de acusados contrastes. Impulsiva, valiente, ardorosa con frecuencia, y en ocasiones dulce y suave. La imposibilidad de cursar los estudios normales a su edad -era su propio padre quien le servía de maestro- no impidió el desarrollo de una mente despierta y de una viva inteligencia. No sólo para materias que son habituales. También en el piano destacó por su habilidad y destreza. Aunque su naturaleza le inclinaba a la vida religiosa, no fue éste un deseo que pudo cumplir. Pero sí llevar, en su propia casa, una vida que para muchos fue de santidad y de unión con Dios. Santidad que es la que permaneció después de su muerte y por la que hoy se encuentra a punto de ser llevada a los altares. |