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ANTONIO
MARTÍNEZ OLALLA
En su amplísima obra, repartida en muchas ciudades españolas y del extranjero, Antonio Martínez Olalla enunció un singular discurso de la sensibilidad y un ponderado regusto por la monumentalidad y estética granadinas. Escultor arriesgado en sus tesis artísticas, fue precursor de una cierta modernidad y un trabajador incansable, como queda de manifiesto en la tesis sobre este artista realizada por el también escultor Manuel Cano Granados, en la que recopiló más de 3.000 documentos y catalogó nada menos que 255 obras escultóricas, junto a un gran número de acuarelas. Desde sus tallas y esculturas religiosas y profanas, obras en piedra natural, terracotas o pinturas, en las que se cuentan cientos de obras: cristos y vírgenes, retratos de personajes históricos, representaciones de gitanos, toreros o bailaores, hasta los monumentales Vía Crucis que el artista granadino dejó en Sarriá y Tibidabo de Barcelona, pasando por los paisajes en acuarela de la Vega granadina, la impronta de una sensibilidad a flor de piel es decisiva en su tumultuoso legado artístico, que lo convierten, según el autor de la citada tesis, en «el único maestro de la escultura granadina del siglo XX. Olalla –señala– se adelantará a muchos vanguardistas y dejará su impronta en todos los escultores que le sucedieron, pudiéndose afirmar que es el único que crea escuela». |