Quién habría imaginado que los rincones de la villa elegidos iban a quedarse chicos para acoger tanto público.
Los aforos estaban completos y cada semana se reunían más personas hasta llenar las calles próximas.
Acudieron todos, los mismos vecinos del casco antiguo como los de la parte baja de la villa que no dudaron subir las cuestas. Jóvenes, familias y ancianos, turistas y autóctonos de todas las edades, preparados con abanico, silla y algunos con el bocadillo de la cena o un cuba libre preparado.
Se establecieron enseguida negocios secundarios de la venta de refrescos y cerveza e incluso una exposición y venta de pinturas. Un encuentro al atardecer en la calle como… ¿cuándo? El concierto como punto de tertulia para amigos, para disfrutar, charlar y quedar después para tomar una caña. Un acontecimiento social de la villa.
¡Y qué conciertos¡ Sencillos, auténticos y sinceros. Músicos que disfrutan y hacen disfrutar.
¡Qué escenarios! La villa que pocos ya ven pero todos añoran. Escalones como asientos, geranios como telón, galán de noche como perfume, y la luna como foco.
Una iniciativa estupenda que merece ser repetida. A lo mejor en rincones un poco más amplios, pero ojo, sin perder nunca la idea que sea en un rincón en el pueblo.


