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Las Angustias, no sólo en septiembre

ANDRÉS MOLINARI

Septiembre es el mes de la Virgen. Eso lo saben todos los granadinos y muchos forasteros. Pero pocos recuerdan que, en los cinco siglos que lleva existiendo la Hermandad de las Angustias, muchas otras veces ha salido la procesión fuera de su fecha tradicional. La costumbre de sacar la procesión en Septiembre se fue generando en el último tercio del siglo XIX y se consolidó cuando el 20 de septiembre de 1913 se realizó su solemne coronación canónica en el Embovedado, en una jornada luminosa y multitudinaria. Desde entonces casi todos los septiembres han visto a la Virgen en la calle. Sólo lo han impedido la República, la guerra y la lluvia. Pero además la Señora de la Carrera ha estado siempre junto a los granadinos, cuando la han necesitado o han implorado su ayuda.

A mediados del siglo XVI fue haciéndose famosa la ermita que había en la margen izquierda del Genil y tenemos pocas noticias de procesiones organizadas por aquella hermandad en la que cada vez iban ingresando más granadinos. En octubre de 1567 el rey Felipe II donó terrenos en la otra margen del río, más cerca de la ciudad, para edificar lo que será la actual iglesia y pocos años después se realizó la primera gran procesión fuera de temporada: el traslado del cuadro, que representaba La Quinta Angustia de María, desde la antigua ermita hasta la nueva iglesia, erigida como parroquia por el arzobispo Pedro de Castro en 1604. Antes de esta fundación parroquial se había producido la más larga procesión que jamás haya tenido la Virgen de las Angustias en toda su historia: el viaje desde Toledo hasta Granada. Al parecer aquellos miembros de la Hermandad deseaban una escultura, mejor que el cuadro al que rendían devoción y, conocedores de que otra hermandad toledana poseía una bella imagen, encargaron una copia a la ciudad manchega. La leyenda ha adornado con ángeles y enigmas esta “procesión” y al final en los últimos años del siglo XVI la imagen de las Angustias ya estaba en Granada.

Los desagravios

A lo largo del siglo XVII la parroquia de las Angustias fue creando su feligresía y su legión de devotos. No podía competir con la patrona de Granada, que durante muchos años, siguió siendo la Virgen de la Antigua, pero ya participaba de las primeras en los actos litúrgicos de aquel religiosísimo siglo. Uno de los más sonoros fue el de 1640. El jueves santo de aquel año aparecieron clavados en la puerta de la catedral unos papeles ofensivos para la Inmaculada. Toda Granada se lanzó a realizar actos de desagravio que duraron varias semanas. Y la Virgen de las Angustias fue de las más puntuales y organizadas. Los vecinos y cofrades la sacaron en procesión en 29 de mayo y realizaron una larga función de desagravio a la Virgen, poco antes de irse a los toros, que entonces se corrían en la puerta de la iglesia o en el cercano humilladero.

Pero será el siglo XVIII el gran siglo de Las Angustias, Virgen viajera en copias y reproducciones. Entre estas recreaciones que fueron viajando a diferentes lugares, una se quedó muy cerca, es la de mármol gris que centró la fachada de su templo. Otra fue la que colocó el arzobispo Ascargorta en la fachada de su palacio que da a la Plaza de Bibarrambla, el miércoles de ceniza de 1716 y decenas más las fue propagando la imprenta hasta las más recónditas bibliotecas. Así se fue haciendo la imagen y así sus miles de procesiones incluso por las calles de Granada, tomando forma de almanaque, azulejo o estampa. Cada granadino devoto de su patrona, hace una diminuta procesión cuando pone a la Virgen en Fajalauza en su balcón o lleva su estampa en el bolsillo más cercano al corazón.

Pero la Virgen por excelencia es la de la Carrera y a ella hay que ir cuantas veces se pueda. Por eso un papa con igual nombre que el actual pero muy anterior, Benedicto XIII, concedió el 20 de febrero de 1725 varias indulgencias a los que visitasen el templo de la patrona.

Fiestas y catástrofes

La procesión es una fiesta, pero algunas fiestas han necesitado también de la procesión. Cuando se terminó su camarín se aunaron fiesta y procesión para llevar a la Virgen hasta su sede definitiva. Fue el día 13 de marzo de 1760 y cuantas las crónicas que en aquella procesión desde la Catedral danzas, paso de la tarasca, gigantes, diablillos, cómicos, arcos de papel y luminarias ingeniosas. Todo fue alegría y vistosidad. Sin embargo pocos años antes, el 1 de noviembre de 1755 un gran terremoto, con epicentro en Lisboa, causaba numerosas víctimas en todo el suroeste peninsular, salvándose Granada ‘de milagro’. Se realizó una acción de gracias y un voto a la Virgen de las Angustias, pero la procesión no fue solemne por ser el día de todos los Santos. Otro tanto ocurrió el día 26 de diciembre de 1885 día en el cual la función fue en agradecimiento por haber librado a Granada de los terremotos de Alhama.

Pero no sólo lo telúrico y sus catástrofes han ocasionado la salida extemporánea de la Virgen de las Angustias, sino que también otras causas, entre las que destacan, sobre todo, lo meteorológico y lo sanitario. El 11 de octubre de 1764 el Ayuntamiento agradeció a la Virgen que librase a Granada de la gran tromba de agua caída el día 3 de aquel mes. Por el contrario en marzo de 1849 se sacó la procesión de la Virgen de las Angustias para implorar la lluvia tras largas sequías de aquel invierno. También las rogativas y procesiones del 5 de diciembre de 1882 y del 12 de abril de 1945 fueron para pedir la lluvia.

En lo sanitario también la Virgen ha tenido mucho protagonismo. Además del hospital que lleva su nombre y que estaba situado junto al templo, la salud de los granadinos se ha colocado bajo el manto de su patrona. En septiembre de 1804 se realizaron rogativas con la imagen hasta la catedral, para que cesase la fiebre amarilla que azotaba a Granada. En 1854 las rogativas, también hasta la catedral, fueron por la epidemia de cólera y le acompañó San Miguel. La procesión de septiembre de 1860 fue en acción de gracias por haber pasado otra gran epidemia.

Dos guerras

Dos de las salidas más famosas de la Virgen de las Angustias tuvieron como motivo la guerra de la Independencia y la guerra civil de 1936. El 17 de enero de 1810, la Junta de Defensa de Granada y el Cabildo de la ciudad organizaron otra rogativa con la Virgen de las Angustias para que librase a Granada de los franceses, que no obstante aquellos extranjeros entraron por Puerta Elvira el día 28 al mando del general Horacio Sebastiani. Y en 1939 la procesión fue en el mes de abril. El día 1 de abril los españoles habían escuchado por la radio el parte final de la guerra y los granadinos se dispusieron a dar gracias a la Virgen de las Angustias. Es de las veces que una imagen de ‘Pasión’ ha salido casi en Semana Santa, porque aquella procesión con la Patrona en acción de gracias por fin de la guerra, fue el día 9 de abril, Domingo de Resurrección.

Lo bélico también es motivo ubérrimo en la devoción a las Angustias, desde las rogativas por la guerra de África, celebradas en noviembre de 1859, hasta la despedida de la división azul, pasando por los alféreces provisionales.

Pero fue un accidente el que obligó a la “procesión” más agitada de la historia de la Virgen de las Angustias. En julio de 1916 se declaró un incendio en su camarín y los devotos tuvieron que sacar precipitadamente a la imagen, con riesgo de sus vidas. Fue llevada a la Catedral y allí permaneció hasta el viernes de Dolores de 1917 en que volvió a su templo restaurado y a su camarín reconstruido.

Septiembre es el mes natural de la Virgen. Ojalá que las veces que salga fuera de este mes sean por regocijo y alegría y nunca por catástrofes naturales o provocadas por los hombres.

 
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Redacción Ideal Digital | Especial Virgen de las Angustias