El 90% de los acosados sufre en primera persona violencia psicológica,
causante de los mayores daños, y un 15% se encuentra incluso
en situación de riesgo potencial de suicidio El "bullying"
es más frecuente entre los niños que cursan estudios
de Primaria, según el barómetro Cisneros X, que ha
evaluado a cerca de 25.000 alumnos en toda España
El acoso y la violencia escolar (AVE) envenenan las aulas españolas.
No son conductas aisladas, ni "chiquilladas", ni son "lo
normal". Se trata de comportamientos bien enraizados que prosperan
en medio del silencio institucional y la impunidad social. El 23,3%
de los estudiantes españoles, casi uno de cada cuatro, es
víctima de sus compañeros y sufre agresiones u hostigamiento
psicológico que pueden dejar graves secuelas de por vida
en la víctima, y forjar futuros "matones" entre
los acosadores escolares.
El balance del mayor estudio epidemiológico realizado en
España es demoledor. El Barómetro Cisneros X sobre
violencia y acoso escolar ha evaluado a 25.000 estudiantes, desde
segundo curso de Primaria (7 u 8 años) hasta Bachillerato
(16 a 18 años), de más de 1.150 aulas completas en
catorce comunidades autónomas, y sus conclusiones dejan pequeñas
todas las estimaciones previas sobre el alcance del fenómeno.
«La mayoría de los estudios están sesgados a
la baja porque se banaliza el fenómeno, hay un negación
institucional, siempre ocurre en el colegio de enfrente no en el
propio y, sobre todo, porque se deja fuera el acoso psicológico»,
argumentó en la presentación Iñaki Piñuel,
profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y coautor
del trabajo junto con la doctora Araceli Oñate.
De hecho, es el acoso psicológico entre compañeros
la peor forma de maltrato escolar, la más abundante -el 90%
de los casos- «la más lesiva» y difícil
de detectar. Hace más daño en la psique y la autoestima
del niño acosado el hostigamiento, el vacío a su alrededor,
el bloqueo social, la estigmatización, los insultos constantes,
que la mera agresión física, dicen los expertos. Las
comportamientos más frecuentes son el uso peyorativo de motes
(14%); retirar la palabra (10.3%); reírse ante equivocaciones
(9.2%); insultos (8.7%); o acusaciones falsas (7.5%).
El acoso -también conocido por un término "bullying"
que los expertos consideran confuso- se da por igual en la escuela
privada, pública que concertada y abunda más entre
lo menores. Los niños más pequeños del estudio
tenían cuatro veces más riesgo de sufrir acoso y violencia;
en tercer curso de Primaria, el 43.6% de los pequeños declara
alguna modalidad, y un 41.4% en segundo curso. La prevalencia desciende
entre los mayores, hasta el 10% en alumnos de cuarto curso de Educación
Secundaria Obligatoria (ESO), y un 11.4% en primero de Bachillerato.
Víctimas
«No hay ningún perfil de víctima». Iñaki
Piñuel es rotundo. Cualquier chico o chica puede sufrir acoso
escolar porque no hay razones objetivas que lo justifiquen. Los
acosados no son diferentes, ni tienen ningún tipo de «cojera
psicológica» que los haga susceptibles. «Cualquier
cosa puede desencadenar el "efecto señal" que convierte
a un niño en objetivo potencial», recalcó. Llegar
tarde a clase, hacerse pis, sacar buenas notas, sacarlas malas,
ser el más alto, el más gordo, la más guapa...
El maltrato escolar va por géneros; los chicos maltratan
a chicos, y las chicas entre ellas. Los niños sufren acoso
en mayor medida que las chicas, aunque la diferencia no es notable.
En tres de cada cuatro casos la media de duración de este
calvario es de meses, incluso todo el curso, y unos y otras sufren
una victimización múltiple. Primero, por sus acosadores.
Después, porque es la víctima la que suele ser separada
del grupo o trasladada incluso de centro. Además, tienden
a autoinculparse y los rodea un espeso pacto de silencio entre sus
propios compañeros y los adultos -profesores y padres- implicados.
El catálogo de posibles daños clínicos es largo.
Estrés postraumático -más de la mitad de los
acosados--, depresión, baja autoestima, autodesprecio, trastornos
psicosomáticos, y riesgo potencial de suicidio en el 15%
de los casos. Las secuelas pueden ser crónicas y, a menudo,
los acosados serán adultos más vulnerables a otras
formas de maltrato o podrían convertirse, a su vez, en hostigadores
de otros.
Otro tanto ocurre con los "matones", que suelen consolidar
estas conductas. «Muchos acosadores infantiles son luego adultos
acosadores laborales, domésticos o vecinales, se convierten
en auténticos depredadores sociales», detalló
Piñuel. Según un estudio noruego, el 60% de estos
menores agresores comete un delito antes de los 24 años de
edad.
Compañeros
Los acosadores son compañeros o compañeras de clase
en un 18.6% de los casos, y grupos de otras clases en un 13.4%.
Ellos sí tienen un perfil definido. Suelen ser niños
violentos, dominantes, con baja tolerancia a la frustración,
caprichosos y a menudo, desatendidos por su entorno familiar. Las
razones que dan los perpetradores van desde haber sido provocados
(22.4%) a querer gastar una broma (8,6%) o molestar (4.8%). Los
hay (3%) que acosan o participan para no ser acosados a su vez.
Los autores del estudio aconsejan mayor vigilancia institucional
y social sobre el "bullying". Recomiendan «devolver
a los profesores la capacidad inmediata de sancionar» estas
conductas», que ahora no tienen, y estimular la condena social
entre los propios estudiantes. En un 19% de los casos, son los compañeros
del acosado los que detienen el maltrato, vía denuncia o,
aún mejor, negando todo reconocimiento social a los agresores.
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