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350 euros por una vista privilegiada

Se imaginan ustedes el chute de adrenalina y el subidón de energía que tiene que producir estar inmerso en el núcleo central de todo el espectáculo que ponen en marcha estos monstruos de la música rockera? Piensen por un momento en ello y acompáñenme en un viaje virtual y mental con esta sencilla reflexión.

Primero hay que empezar por tomar una decisión heroica, rascarse el bolsillo y comprar una de esas entradas que ‘sólo’ valen 350 euros. Una vez pasado el disgusto me dirijo tan contenta al estadio municipal de Santo Domingo en El Ejido y accedo por la puerta Vip. Empezamos bien. Por supuesto tengo que aclararles que esa entrada que me va a permitir casi tocar y echar mi aliento a mis idolatrados Stones no va a ser para estar sentado. ¡Ni muchísimo menos! Esto no es un teatro sino un concierto de música, eso sí, el más grande jamás diseñado, y por lo tanto hay que estar de pie.

La sangre tiene que circular rauda por todas mis venas, y con cada golpe acústico del casi malogrado guitarrista Ron Woods, mi cuerpo debe notar una sensación única y especial. Aunque lo primero que me sorprende de todo es su concepción. Es un remix de escenario de vanguardia y psicodélico con un toque importante clasicista. ¡Ay que ver como son estos ingleses! De hecho, el espacio utilizado donde se ubican los palcos intentan simular unas antiguas corralas inglesas. The Globe era el lugar donde el más famoso autor literario y teatral, William Shakespeare, representaba sus obras. Pues bien, una vez conocido este singular detalle, me introduzco en el centro, en el corazón del universo musical.

O sea, ya estamos encima del escenario de diabólicas dimensiones. Dicho de otro modo, pisándolo. Y todo lo que nos rodea es un complejísimo entramado tubular, un mecano de proporciones alucinantes, que alcanza una altura de más de veintiocho metros y en torno a unos sesenta y cinco de boca. Por si fuera poco, envueltos en unos 250.000 vatios de sonido de increíble calidad y al menos otro millón de vatios de luz en un espectáculo de iluminación sin parangón alguno. ¿Saben ustedes lo que es eso? Yo todavía no, pero…¡Vamos, de los que deja sin respiración!. Pero hay más. Como por ejemplo tener de frente a cincuenta y tres mil personas jaleando, bailando y extasiándose con las letras y las melodías de Mick Jagger y su banda. Bueno, tiene que ser una pasada, se lo digo yo. Y esto es ni más ni menos lo que pueden experimentar unos pocos privilegiados.

Unas 160 personas que estoy segura no olvidarán jamás esta experiencia entre lo místico y lo terrenal. Tiempo tienen. Todavía hay entradas. Sólo hay que rascarse (mucho) el bolsillo.

 
       
Redacción Ideal Digital | Especial Rolling Stones