María Victoria Fernández | GRANADA
No son muchos los topónimos granadinos que hacen referencia a la religión, y los pocos que han pervivido hacen referencia al culto cristiano, aunque con una etimología árabe, salvo en el caso de La Zubia, que significa alquería de la ermita o lugar de retiro a la que textos árabes mencionan como un lugar de peregrinación por encontrarse en ella la sepultura de un santón musulmán.
De un sentido menos espiritual son los orígenes de
la localidad costera de La Rábita o Rubite (rubait=rábita
pequeña) que tomaron el nombre de aquellos conventos
fortaleza que los musulmanes españoles levantaron en
la costa o en puntos fronterizos, para defender sus territorios
con monjes soldados y que fueron los precursores de las órdenes
militares, aunque hay quien afirma que Rubite podría
derivar del latín rubus que significa zarza.
De mayor simbolismo es Montejícar (Munt Saquir=monte
sagrado), un primitivo castillo-fortaleza situado sobre
el río al-Arab (los árabes)
que tomó este nombre de las tropas musulmanas que asaltaron
la fortaleza de Munt Saqir en el siglo X, exterminando
a sus defensores y a los de las fortalezas vecinas, si bien
los primeros asentamientos en esta localidad fueron muy anteriores
a los romanos y su topónimo bien pudiera proceder de
cualquier pueblo anterior que arraigara en el lugar.
Está asimismo Monachil, uno de los topónimos
más controvertidos de la geografía granadina
junto al de Huétor. Hay quien afirma que Monachil es
una forma híbrida de la voz latina montem
y el vocablo árabe dialectal granadino sal
(Monte elevado) que adoptó la grafía
Muntasal y, más tarde, Muntasil,
si bien la mayoría de los autores le atribuyen su origen
a Munastal o Munastil que deriva de
la voz latina monasterium (monasterio). Este hecho
no sería extraño pues en los primeros siglos
de la época medieval (VIII-X) la población mozárabe
del Sur (cristianos arabizados) formaron en Granada importantes
comunidades cristianas que convivían armónicamente
con el resto musulmán, aunque concentrándose
en núcleos de culto propio como Monachil, Ogíjares,
Aldeire, Montejícar o La Quinicia, término municipal
de Albolote que los árabes llamaron A-Kanais
(distrito de las iglesias). Cuando entre los siglos
XI y XII muchos mozárabes salieron de tierras granadinas
por enfrentamientos con los almorávides, las entidades
que dejaron fueron ocupadas por repobladores árabes
llegados del norte de África, que mantuvieron o adaptaron
los primitivos topónimos, pese a su origen cristiano,
conservándose así hasta nuestros días.
Sí existe constancia de que en Monachil existió
un templo visigodo sobre el que se levantó una mezquita
que, a su vez, dio paso a la construcción de la primera
iglesia cristiana del entorno metropolitano tras la conquista
de Granada.
De Ugíjar a Ogíjares
Desde un punto de vista histórico y lingüístico
las localidades más interesantes que han conservado
su pasado religioso son Aldeire y Ogíjares. En tiempos
musulmanes Los Ogíjares eran dos aldeas separadas aunque
próximas entre sí (de ahí su plural)
llamadas Ugíjar la alta y Ugíjar
la baja que tras la conquista cristiana quedaron unidas
en una sola localidad. En la alta existía una fortaleza
y algunos centros religiosos como mezquita, rábitas
y gimas mientras que en la baja, mucho más pequeña,
sólo había una rábita y un lugar de enterramiento
de los creyentes. Ogíjares fue un caso ejemplar de
convivencia entre cristianos y musulmanes y, de hecho, muchos
nombres y apellidos cristianos de esta localidad aparecen
mezclados en las fuentes documentales con los nombres y apodos
árabes.
En cuanto a la evolución de su nombre se ha constatado
que hortum sacrum pasó a citarse como Ortexicar,
Uyiyar (árabe), Urxicar, Uxicar,
Ugíjar y, por último, evolucionó
hasta el actual Ogíjares.
Igual origen le dan algunos investigadores a la localidad
alpujarreña de Ugíjar que sí ha conservado
su tradicional nombre al no haber estado expuesta a grandes
influencias exteriores, por su histórico aislamiento
como zona de montaña y difícil acceso.
Otro centro religioso por excelencia fue Aldeire, un topónimo
muy abundante durante la Edad Media tanto en Andalucía
Oriental como en Oriente Próximo. Su nombre procede
del arameo (daira) y de esta lengua pasó
al árabe con la denominación dayr
que, textualmente, se traduce como la casa pero
en un sentido más amplio significa convento cristiano,
monasterio o comunidad cristiana.
Los aldeires eran casas consagradas a Dios. No
se construían en las grandes ciudades sino en zonas
desérticas, terrenos montañosos o situados en
los cruces de caminos y, además de cumplir una función
religiosa, servían de albergue a las personas que desarrollaban
comercio o iban de peregrinación. El abad era el dayrani
y los monjes dayyar quienes además de la
oración y el hospedaje cultivaban la tierra como medio
para su sustento.
Aunque existe otro Aldeire en Trevélez y Otura y varios
más en Almería, el del Marquesado del Cenete
cumplió su finalidad estratégica pues desde
él se controlaba el puerto de la Ragua que une la Alpujarra
con el propio Cenete, Guadix y el camino de Almería.
Los católicos
La cristiandad tampoco fue ajena a dotar a determinados localidades
con sus símbolos religiosos y en Granada tenemos dos
exponentes: Santa Fe y Santa Cruz del Comercio. La primera,
surgió en 1491 sobre una antigua cortijada llamada
Huécar (para los árabes Wakar)
donde, antes del incendio que la destruyó, se instaló
el campamento cristiano que puso cerco a la capital nazarí.
En el mismo lugar que ocupó Huécar, se levantó
Santa Fe, un topónimo que obedece al deseo de sus fundadores,
los Reyes Católicos, de acrecentar con tal nombre la
santa fe católica de Jesucristo.
Santa Cruz del Comercio debe su origen a épocas más
recientes e, inicialmente, se le llamó Santa Cruz de
Loja para, a partir de 1888, denominarse del Comercio, pues
fueron los comerciantes madrileños, concretamente los
del Círculo Mercantil de Madrid, quienes con sus aportaciones
reconstruyeron la localidad tras el fuerte seismo que arrasó
gran parte de la comarca en 1884.
De árabes a cristianos:
Castillos y fortaleza, lo castrense
Del pasado defensivo y militar de Granada han quedado numerosos restos arqueológicos pero muy pocos topónimos. El más evidente es Castril al que los árabes llamaron Qastal (del latín castellum) y que sólo fue un castillo fronterizo hasta 1490, fecha en que las tropas cristianas se lo arrebataron a los árabes creando un núcleo de población bajo el amparo y protección de don Hernando de Zafra, a quien los Reyes Católicos entregaron la plaza. Algunos autores que visitaron este castillo-fortaleza en el siglo XII, mencionaban la existencia en su patio de armas de una enorme roca de la que brotaba un gran manantial de agua capaz de mover ocho piedras de molino y del que salían peces de color amarillo y moteados de rojo muy sabrosos. Castril era, además, el centro de un extraño e inexplicable fenómeno para aquella época: en una cueva se encontraba el cadáver incorrupto de un hombre y, en este mismo lugar, goteaba agua por una cavidad sin llegar nunca a inundarse.
Defensiva era, también, la localidad de Jun (Sun o Yund), a la que ya le menciona en el siglo VIII como un distrito militar, además de ser la patria de ilustres poetas y juristas granadinos, o Moclín, (Hisn Iqlim) topónimo que nos remite al lugar donde encontraba el castillo del distrito, una de las treinta y tres demarcaciones territoriales en que los nazaríes dividieron el reino de Granada.
En clara referencia a poblaciones que hayan arrastrado un
pasado militar nos encontramos, asimismo, con Iznalloz (Hisn
al-Lawz y, con el tiempo, Alloço),
nombre que combina la naturaleza con lo castrense pues procede
de la voz árabe hisn (castillo) y allozo
(almendro silvestre), que nada tiene que ver con su homónimo
el almendro cultivado que procede de la voz latina amígdala
que, a su vez, da nombre a esos dos cuerpos glandulosos de
forma almendrada que tenemos en la garganta.