Recursos
El olivar de Jaén es el que mejor aprovecha el agua de España
La inversión de 210 millones de euros permite que sólo sea necesario actualmente una aportación de 1.500 metros cúbicos por hectárea
Jorge Pastor
Estamos viviendo una de las primaveras más lluviosas de la última década. Los más de 400 litros caídos desde que empezó el ejercicio hidrológico (el pasado 1 de octubre) han elevado el nivel de los pantanos de Jaén hasta el 27,55 por ciento y poco a poco se empieza a difuminar el fantasma de la sequía. Pero una cosa es que ahora la coyuntura sea más favorable y otra muy distinta que el problema de la falta de humedad se haya solucionado. Ni mucho menos. La cuestión es que la cuenca del Guadalquivir acumula cada año un déficit de 450 hectómetros cúbicos, una circunstancia que obliga a racionalizar el uso de un bien tan escaso como necesario. A esta realidad se unen también las previsiones catastrofistas que hacen los propios científicos, que aseguran que el cambio climático se hará especialmente patente en las provincias con menor índice de precipitaciones: Jaén, Granada y Almería.
Y claro, sin agua no hay agricultura y sin agricultura no hay dinero. Conscientes de ello, los olivareros de Jaén no han escatimado ni un solo céntimo para instalar en sus explotaciones los sistemas de riego más sofisticados que hay en el mercado. Se estima que desde principios de los 80 los oleicultores jienenses se han gastado más de 210 millones de euros en la mejora de estos equipamientos, una cifra que sitúa a nuestro territorio como referente nacional en la optimización del recurso.
La estadística de aportaciones por cultivo así lo atestiguan. Mientras que cítricos, algodón y demás plantaciones de vega requieren una media de 7.500 metros cúbicos por hectárea, los olivos de Jaén precisan 1.500. Es cierto que las necesidades hídricas de unas y otras especies son distintas, pero una diferencia tan grande tan sólo se puede achacar a las generosas inversiones acometidas por los aceituneros con un único objetivo: aprovechar hasta la última gota.
Los expertos calculan que disponer de líquido elemento puede multiplicar por cuatro el rendimiento de la cosecha. Ése es el motivo por el que se han modernizado 70.000 hectáreas en la cuenca del Guadalquivir en las dos últimos décadas y ése es también el motivo que explica las diferencias de renta tan grandes que se registran dentro del propio Jaén. Comarcas como La Loma, que acapara buena parte de las 200.000 hectáreas de regadío de la provincia, presentan unos niveles de riqueza sensiblemente superiores a otras en las que prevalece el secano, como pueden ser El Condado o las campiñas Norte y Sur.
EL GOTEO, SUPERADO
La tecnología más empleada es el goteo, que consiste básicamente en la colocación de una maraña localizada de tuberías que se ramifican hasta cada uno de los árboles existentes en la parcela. Este sistema impide que haya pérdidas en el transporte desde la acequia hasta la finca y permite que la tierra mantenga un grado humedad que favorezca el desarrollo vegetativo. Pero los ingenieros han dado un paso más y ahora se ofertan otro tipo de redes de distribución que favorecen un mayor ahorro. Esta tercera generación se basa en el aprovechamiento del subsuelo para la implantación de la red de microcanalizaciones. La principal ventaja, que se reducen los niveles de evaporación; la desventaja, que son algo más costosos ya que deben llevar potentes filtros que garanticen que el caudal no presenta impurezas.
También se está avanzando en la implantación de automatismos. Este tipo de dispositivos regulan los encendidos desde dispositivos remotos (un teléfono móvil o un ordenador), en función de las horas del día que permitan una mayor efectividad y en función de las franjas que posibiliten un mayor ahorro energético para comunidades y profesionales del campo.
En España no hay precedentes de estas características, en los que la iniciativa privada haya propiciado una transformación tan importante de la tierra y haya obligado a los organismos oficiales a arbitrar soluciones administrativas que hasta entonces no existían. A pesar de ello, resulta muy complicado la adaptación de más extensión, entre otras razones porque estamos hablando de un bien deficitario tanto en superficie como en el subsuelo. La mejor prueba de ello es que la escasez de precipitaciones ha variado de forma sustancial la fotografía de los embalses de Jaén los últimos dos años, que han pasado de superar el 70 por ciento de su capacidad a estar hoy día a menos del 30 por ciento, una reducción que limita sobremanera las posibilidades de crecimiento tanto en el corto, medio y largo plazo.
Especial Expoliva Jaén | Redacción Ideal Digital