opinión
Un escaparate necesario
Luis Carlos Valero | Gerente de Asaja
Como cada dos años, el sector del aceite de oliva se prepara para la puesta en escena de lo que es su gran escaparate mundial: la Feria Internacional del Aceite de Oliva e Industrias Afines, Expoliva. Un escaparate más necesario que nunca para hacer frente a los malos tiempos que se avecinan para el olivar jienense y un lugar donde se debe dejar claro, de una vez por todas, que la promoción del aceite de oliva, la consolidación de los precios y la apertura del producto a la comercialización en nuevos mercados es la clave para la supervivencia en un futuro a corto y a medio plazo.
Como agricultor y representante de los agricultores jienenses, y lejos de dejarme llevar por vaticinios alarmistas, considero que es necesario empezar a advertir a los profesionales del campo cuáles son sus amenazas inmediatas una vez que han perdido toda ayuda vinculada a la producción con el cambio en la OCM del aceite de oliva. No es otra que el aumento casi desmesurado de la producción que se prevé en los próximos años. A los olivares tradicionales de Jaén, que aglutinan el 40% de la producción de toda España, le han salido temibles competidores, pequeños en tamaño e inmensos en capacidad productiva. Es el olivar superintensivo, que se planta a grandes proporciones en las zonas de campiña de Sevilla, Córdoba y Castilla la Mancha -también está empezando a llegar a Jaén- y que en poco tiempo (apenas un par de años) logrará producciones inmensas con la mitad de gastos de los que ahora tiene un olivarero jienense.
Ante la evidencia no hay que cerrar los ojos, sino esperarla bien preparados. ¿Y cómo se pueden preparar los olivareros de Jaén ante tan dura competencia? En primer lugar, con la promoción. El aceite jienense debe abrirse a nuevos mercados, llevar su sello de identidad y calidad (que avalan, entre otras, las cinco denominaciones de origen de la provincia) y consolidar sus precios para que la producción siga siendo rentable. Sin este pilar base, mucho nos tememos que la producción de zumo de oliva en Jaén, la que ha dado de comer a miles de familias en el último siglo y ha levantado la economía de la provincia, dejará de ser competitiva y sumirá en la ruina a cientos de agricultores. Organismos como la Interprofesional del Aceite y el Comité Oleícola Internacional deben apostar fuerte en este sentido. Pero no sólo ellos. Cada administración pública, desde su radio de competencia, se debe dejar la piel por llevar el aceite de oliva más allá de cualquier frontera.
Esto, sumado a una necesaria reconversión de las plantaciones de olivar de Jaén, para la que son necesarias infraestructuras hidráulicas fuertes que permitan disponer de suficiente agua para el agricultor -además de ayudas serias y comprometidas por parte de las administraciones públicas para hacer frente a la brutal reconversión que necesita el olivar jienense- es el único secreto para seguir subsistiendo. Un secreto a voces ante el que no hay que ponerse venda alguna y una forma de evitar que el olivar jienense, uno de los cultivos más rentables de toda Andalucía, muera de éxito.
Especial Expoliva Jaén | Redacción Ideal Digital