Una
fiesta muy granadina
por FERNANDO ARGÜELLES
Las connotaciones religiosas y las paganas se confunden en el
origen del Día de la Cruz. Los orígenes en Granada
del Día de la Cruz, parecen encontrarse hace ya cuatro siglos,
en unas antiguas celebraciones religiosas que se organizaban en
honor al símbolo del cristianismo. Cuenta la tradición
que la cruz encontrada por Santa Elena, y en la que supuestamente
había muerto Cristo, con el paso del tiempo fue sufriendo
sucesivas mutilaciones que originaron que numerosos restos de ella
llegaran a multitud de rincones de todo el mundo. A Granada en concretó
llegó un pedazo de la supuesta cruz de Cristo hasta el albayzinero
convento de Santa Isabel la Real. La leyenda toma aquí protagonismo,
ya que se cuenta un viernes de Cuaresma del año 1961, las
monjas de este convento escucharon como salían voces de una
pared. Mandaron hacer un derribo y encontraron dentro del muro un
pedazo de la cruz de Cristo. Desde entonces en el convento se siguió
la costumbre de que una de las monjas de la comunidad se llamara
Sor María de la Cruz.
A lo largo de la historia en Granada se han celebrado diferentes
fiestas en honor a la Santa Cruz, como las bendiciones que se
hacían de las milagrosas llagas del Cristo de los Favores
a finales del siglo XIX u otras celebraciones que entroncan con
los supuestos hallazgos reveladores del Sacromonte.
El
Día de la Cruz en Granada ha vivido periodos de gran esplendor
y otros de acusada crisis. Con las últimas décadas
del siglo XIX la celebración comenzó a decaer bastante,
llegándose al extremo de que en el año 1883 el gobernador
de la ciudad prohibió a los vecinos pedir dinero para levantar
sus cruces. La tradición decae y su recuperación
no llega hasta el año 1924 cuando el Ayuntamiento intenta
reimpulsar las fiestas instituyendo un concurso con premios para
galardonar las cruces más vistosas. Para revitalizar la
fiesta se adoptan diferentes comedidas como organizar un concurso
de cantes por granaínas y medias granaínas en la
Plaza de San Nicolás. De aquellos primeros años
del siglo XX han llegado a nosotros curiosas fotografías
sobre esta fiesta en la que destaca el tipismo y colorido, con
los vecinos montando sus cruces y luciendo curiosas indumentarias
festivas. Con el advenimiento de la República la celebración
vuelve a decaer, aunque en el interior de muchas casas los vecinos
se reunían para celebrar clandestinamente el Día
de la Cruz. Tras la Guerra Civil el alcalde de la ciudad Antonio
Gallego Burín será quien vuelva a dar un impulso
a la fiesta. Los periódicos dejan constancia de que en
el año 1939 se instaló en la Plaza del Carmen una
cruz que medía 6 metros y estaba adornada con 7.000 claveles
blancos y rojos. Además, por toda la ciudad se montaron
un centenar de cruces, destacando sobre todo la que hicieron las
mujeres de la Pescadería.
Desgraciadamente en la década de los años cincuenta
nuevamente la fiesta languidece y no será hasta 19634 cuando
tome el impulso definitivo que la ha llevado hasta nuestros días.
Entonces, gracias al entusiasmo del delegado provincial de Turismo
Antonio Gallego Morell, la fiesta toma otra vez auge. Junto al
tradicional concurso de cruces se organizan otros como uno mantones
de manila. Poco a poco la fiesta fue calando nuevamente entre
los granadinos que agrupados por barrios, asociaciones, cofradías
u otros colectivos montas sus cruces en los primeros días
del mes de mayo. En la última década del siglo XX
la fiesta llegó a degenerarse un poco, debido en parte
a la larga duración que algunos años tuvo -hasta
cuanto o cinco días seguidos- y la masiva proliferación
de barras de venta de bebida sin cruces, o la colocación
de cruces con escaso valor artístico. Por fortuna las voces
críticas se dejaron oír y cada vez son más
los colectivos que trabajan para que la fiesta mantenga sus connotaciones
tradicionales.
Artesanía viva.
Y
es que una Cruz de Mayo debe desprender siempre granadinismo y
las connotaciones que la cultura popular de Granada le han ido
imprimiendo con el paso de los siglos. Ver una cruz debe ser deleitarse
con multitud de pequeños detalles que conforman un todo
maravilloso que siempre llame la atención. Tal vez no haya
mejor ocasión a lo largo del año para apreciar una
auténtica muestra de la artesanía típica
de la ciudad. Cerámicas, objetos de taracea, tejidos artísticos,
cobres o piezas de madera tallada se ofrecen al visitante de la
cruz como extraordinarios tesoros de la historia viva de Granada.
Las cerámicas de fajalauza son, tal vez, las piezas artesanas
más típicas de la ciudad y más presentes
en las cruces. Los orígenes de esta cerámica se
remontan al siglo XVI como continuidad de la cerámica de
fabricación musulmana. Desde entonces pocos cambios han
experimentado, ni en su técnica ni en los temas y formas
tradicionales que adopta. Su nombre proviene de los alfares y
hornos existentes junto a la Puerta de Fajalauza en el Albayzín.
El rasgo más característico de esta cerámica
son los personales dibujos que incorpora en colores azul, verde
y morado. Pájaros, flores, ramajes y granadas pintadas
a trazos muy simples son los temas que aparecen representados
en esta cerámica que tanto se ve junto a las cruces, ya
sea en platos, fuentes, lebrillos, orzas o vasijas.
Pero junto a esta colorista cerámica también suelen
aparecer bastante piezas de barro o cerámica más
sencillas realizadas por los alfareros que todavía trabajan
en la provincia. Pipos, cazuelas, ánforas o curiosos botijos
con forma de gallo o pez llaman la atención de muchos.
Es la artesanía típica de puntos de la provincia
como Purullena, Guadix o la costa. Los tejidos también
están muy presentes entre las muestras artesanales que
ofrece una cruz de mayo. Por un lado destacan las piezas bordadas
en tul, como mantillas de encaje o cortinas, y por otro los tejidos
alpujarreños con sus llamativos colores. Las conocidas
jarapas, hechas con tiras finas nudosas de lino en colores nítidos,
aparecen colocadas en muchas cruces junto a tapices y alfombras
con los llamativos colores de los tejidos alpujarreños.
No faltarán tampoco en las cruces objetos de taracea.
Desde tableros de ajedrez a pequeños joyeros, pasando por
muebles y baúles, el delicado y paciente trabajo de esta
típica artesanía de la ciudad tendrá su protagonismo
propio. Las piezas de cobre también son muy utilizadas
para el adorno de las cruces. Sin ir más lejos, la cruz
de la Plaza del Carmen del pasado año recreaba un gran
brasero de cobre granadino. El origen del trabajo en cobre en
Al-andalus tiene sus primeras grandes manifestaciones a partir
de la llegada de los almorávides. Las artes de trabajar
el metal de los nazaritas destacaron bastante en todo el Mediterráneo.
La tradición ha llegado hasta nuestros días, especialmente
transmitida por el pueblo gitano, que encontró en su trabajo
una fuente d ingresos. Como se aprecia, una cruz de mayo es todo
un escaparate de la artesanía y la historia de Granada.
Solo busca encontrar en cada cruz los elementos que distinguen
y diferencia a Granada. Por cierto, que entre todos esos elementos
no debemos olvidar observar el famoso pero atravesado con unas
grandes tijeras. Dice la tradición que tan singular y llamativo
adorno aparece allí para cortar cualquier "pero"
o defecto que se le pueda poner a la cruz. Una costumbre granadina
más, como la de que la chiquillería pida en este
día el popular "chavico".
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