Los mejores años Desde el punto de vista artístico esta etapa sería la de plenitud. Después de su formación en Sevilla
y de su contacto directo con los grandes maestros italianos de los que tanto aprendería en el período madrileño, en Granada daría y dejaría lo mejor de sí en sus múltiples y variadas obras. El Cano granadino es el plenamente creador e innovador; estaba en su período de madurez, y llegó a una ciudad de rica tradición artística, pero que se había quedado sin maestros y sin escuela. El predominio del espíritu del renacimiento que mantuvo vivo un singular manierismo, era terreno abonado para que el artista expresara la riqueza de su mundo interior de marcado carácter clasicista e idealista, aunque con formas de expresión de su tiempo, las barrocas. La obra canesca del período granadino es exclusivamente de carácter religioso, hecho debido en parte al ambiente sacral de una ciudad que demandaba decorar sus templos y espacios religiosos, y quizá también al mundo interior del artista que, al parecer, desengañado del mundo, buscaba refugio en la religión. La razón principal que justificó
la vuelta de Cano a su ciudad natal fue la pintura de los
lienzos de la capilla mayor de la Catedral, «uno los
ámbitos más brillantes de la historia de la
arquitectura europea». Dentro de este singular espacio
renacentista no se contaba con la colocación de un
retablo como soporte de las pinturas o esculturas programadas;
éstas descansarían directamente sobre la arquitectura
pétrea. Pocos artistas de su época podían
abordar esta compleja tarea: componer y realizar siete monumentales
lienzos de 4,51 x 2,52 metros aproximadamente, que se debían
contemplar a gran distancia, dando un contenido ideológico-doctrinal.
Sin olvidar dos retos a superar no menos difíciles,
competir con la vibrante luminosidad y clasicismo de las vidrieras,
situadas sobre los lienzos, y con el realismo volumétrico
tridimensional de las grandísimas esculturas de los
apóstoles de la parte inferior. |