Alonso Cano

Espiritualidad y modernidad artística

     
 
VIRGEN DE BELÉN
Museo de la Catedral de Granada

Los mejores años
Alonso Cano pasó su infancia y el final de su vida en su ciudad natal. En ella transcurrió la etapa más fructífera y de mayor calidad artística
Francisco Javier Martínez Medina
Facultad de Teología de Granada


A los cincuenta y un años, después de una vida compleja y difícil, plagada de problemas y sufrimientos que sin duda influyeron en su carácter y personalidad singulares, vuelve Cano a su ciudad natal para cubrir un cargo vacante en la Catedral, la ración de música, que se le concedió por intersección del rey Felipe IV. Esta prebenda suponía entre otras cosas la obligación de ordenarse de sacerdote. Se iniciaba así la etapa granadina, que se desarrolló principalmente en esta ciudad con los paréntesis de sus estancias en Madrid y en Málaga. La ciudad que se encuentra Cano vivía aún inmersa en un proceso de construcción de todo tipo de edificaciones religiosas. Desde comienzos del XVI, Granada fue el lugar de trabajo preferido por toda clase de importantes artistas, arquitectos, escultores, pintores, etc., hasta bien entrado el siglo XVII, coincidiendo el ocaso de los artistas y sus talleres con los años de la llegada de Cano a Granada, en 1652.
Sus trabajos no se limitaron a la fábrica de la Catedral. Le llovían los encargos de iglesias, conventos y particulares. Lo que en principio se planteaba como el retiro del fin de su vida se convirtió en su etapa más fructífera en cantidad y calidad. Cano en Granada expresó con genialidad el rico y complejo mundo interior en búsqueda continua de la belleza, realizó obras maestras para la cultura occidental, fijó nuevos cánones iconográficos, y dejó un importante número de buenos artistas seguidores, que con él a la cabeza constituirían la escuela granadina.

Desde el punto de vista artístico esta etapa sería la de plenitud. Después de su formación en Sevilla

FACHADA DE LA CATEDRAL DE GRANADA
Alonso Cano

y de su contacto directo con los grandes maestros italianos de los que tanto aprendería en el período madrileño, en Granada daría y dejaría lo mejor de sí en sus múltiples y variadas obras. El Cano granadino es el plenamente creador e innovador; estaba en su período de madurez, y llegó a una ciudad de rica tradición artística, pero que se había quedado sin maestros y sin escuela. El predominio del espíritu del renacimiento que mantuvo vivo un singular manierismo, era terreno abonado para que el artista expresara la riqueza de su mundo interior de marcado carácter clasicista e idealista, aunque con formas de expresión de su tiempo, las barrocas. La obra canesca del período granadino es exclusivamente de carácter religioso, hecho debido en parte al ambiente sacral de una ciudad que demandaba decorar sus templos y espacios religiosos, y quizá también al mundo interior del artista que, al parecer, desengañado del mundo, buscaba refugio en la religión.

La razón principal que justificó la vuelta de Cano a su ciudad natal fue la pintura de los lienzos de la capilla mayor de la Catedral, «uno los ámbitos más brillantes de la historia de la arquitectura europea». Dentro de este singular espacio renacentista no se contaba con la colocación de un retablo como soporte de las pinturas o esculturas programadas; éstas descansarían directamente sobre la arquitectura pétrea. Pocos artistas de su época podían abordar esta compleja tarea: componer y realizar siete monumentales lienzos de 4,51 x 2,52 metros aproximadamente, que se debían contemplar a gran distancia, dando un contenido ideológico-doctrinal. Sin olvidar dos retos a superar no menos difíciles, competir con la vibrante luminosidad y clasicismo de las vidrieras, situadas sobre los lienzos, y con el realismo volumétrico tridimensional de las grandísimas esculturas de los apóstoles de la parte inferior.

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Alonso Cano | Redacción ideal.es