Alonso Cano

Espiritualidad y modernidad artística

     
 
LA INMACULADA
Catedral de Granada

Invitación a la belleza
Carmen Calvo Poyatos
Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía


La Consejería de Cultura viene realizando durante los últimos años esfuerzos extraordinarios y periódicos para que los andaluces conozcan mejor su patrimonio cultural. Todavía está en la memoria de muchos la magnífica exposición sobre Velázquez que pudo verse en Sevilla en 1999. Antes, el protagonista había sido Francisco de Zurbarán, un extremeño que en buena medida perfiló su personalidad artística en Andalucía, y después llegó El esplendor de los Omeyas cordobeses, un acontecimiento singular que ha llevado los refinados ecos artísticos de Medina Azahara a los cinco continentes. Ahora, es el turno de Alonso Cano y de Granada, su ciudad natal.

Nuestro propósito no es sólo recuperar para los andaluces lo mejor de nuestro pasado para poder disfrutarlo en el presente, sino, además, convertir este itinerario por nuestro patrimonio artístico en un recorrido por nuestra geografía que ayude a cohesionar aún más la Comunidad. La Cultura con mayúsculas, de la que el genio creativo de Cano es un ejemplo, es el mejor remedio contra localismos ramplones y cortos de miras que hacen del rencor hacia el vecino un signo de identidad. Afortunadamente, encontrar figuras de primer nivel que nos sirvan como parada y fonda en nuestro peregrinaje es bastante fácil en Andalucía, una tierra que siempre tuvo en los creadores uno de sus principales activos.

Este año, apenas estrenado el tercer milenio, conmemoramos el IV Centenario del nacimiento de Alonso Cano, un artista brillante cuya producción hace décadas que no puede ser degustada por los andaluces a través de una visión de conjunto. Fue bautizado en la granadina iglesia de San Ildefonso el 19 de marzo de 1601 y su vida transcurrió en varias ciudades españolas (Granada, Sevilla, Madrid, Valencia y Málaga). Para muchos especialistas, forma parte, junto a Zurbarán y Velázquez, de una de las trilogías más deslumbrantes del arte español. Los tres artistas convivieron en una misma sociedad y frecuentaron ambientes artísticos comunes. Los tres vivieron una España marcada por dos centros de gravedad: la Sevilla que servía de antesala al Nuevo Mundo y el cortesano Madrid de los Austrias.

Adentrarse en la pintura, la escultura y la arquitectura y salir airoso es un privilegio que ha estado al alcance de muy pocos a lo largo de la historia del arte universal. Alonso Cano es uno de esos privilegiados. En todo lo que hizo dejó el sello de su elegancia clásica, de su formación humanista y de su capacidad para reducir el arte a lo esencial. A la hora de valorar la vida a través de sus creaciones antepuso la belleza al dramatismo, quizá para equilibrar los efectos de una tormentosa peripecia personal.
La Consejería de Cultura ha trabajado en la organización de una magna exposición que ofrece a la sociedad española la auténtica dimensión artística de Alonso Cano. Óleos, dibujos, esculturas y una selección de los libros que configuraron su personalidad artística y humana nos brindan en el Hospital Real una oportunidad única de conocer mejor a esta poliédrica figura de nuestro arte.

‘Modernidad y Espiritualidad Artística’ es, sin duda, una de las piedras angulares del programa conmemorativo de este IV Centenario, pero también hemos programado publicaciones divulgativas, material didáctico, un simposio internacional, restauraciones, conferencias… Desde aquí quiero dar las gracias a todos los que nos han ayudado a conseguir que este completo programa de actos de homenaje a Cano sea una realidad. Les invito a disfrutar de su arte.

 
Alonso Cano | Redacción ideal.es