Alonso Cano

Espiritualidad y modernidad artística

     
 
VIRGEN CON EL NIÑO SENTADO ENTRE NUBES
Curia Eclesiástica. Granada
Un triste final
Francisco Javier Martínez Medina
Facultad de Teología de Granada

Al final de su vida Alonso Cano vivió en la más absoluta pobreza, asistido solamente por sus compañeros, los miembros del cabildo de la Catedral, con los que al concluir sus días hizo las paces. Unos días antes de morir, conscientes de su mal estado y de sus necesidades, se reunió el cabildo y se decidió gastar doscientos reales «en gallinas dulces y lo que más le pareciere». Un día después de su muerte, acaecida el 3 de septiembre de 1667, se reunió de nuevo el cabildo y leyó su testamento, en el que entre otras cosa dejó escrito: «Mando que mi cuerpo sea sepultado como sacerdote en la parte y lugar que los señores Deán y Cabildo suelan enterrar a sus prebendados y les pido y suplico de misericordia que me den de limosna entierro porque mi pobreza y necesidad están notorias. Usen conmigo de piedad acompañando mi cuerpo y haciendo por él los sufragios que suelen hacer por los demás señores prebendados pues del afecto con que he deseado servir dicha Santa Iglesia puedan estar cierto hiciera una grande dotación. Y porque según el estado de mi hacienda reconozco que apenas e de tener para pagar mis deudas no mando que se digan por mi missas dejándolo así, los señores Deán y Cabildo mis amigos y bienhechores quisieren decir alguna por mi». A continuación determinó el cabildo se fuera a por «el cuerpo a las casas de su morada como se acostumbra a ser con los señores prebendados desta santa yglesia. Y asimismo se le diga misa de cuerpo presente en su bigilia con la pompa y solemnidad se ha estilado y se de sepultura en un de los nichos de la bóveda, entierro de los señores prebendados». Hoy los restos de Alonso Cano descansan en el osario de la Catedral y sus creaciones artísticas, que han resistido el desgaste del tiempo y se encuentran repartidas por iglesias y museos de todo el mundo, son espléndidas manifestaciones de la sublime expresión estética y de la más profunda emoción religiosa, que pocos genios pudieron alcanzar en el singular barroco español.


 
Alonso Cano | Redacción ideal.es