ideal.es
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO TUS ANUNCIOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES


LUIS ORUEZÁBAL

«LO QUE MÁS ME EXTRAÑÓ AL LLEGAR A GRANADA ES QUE NO SE PODÍA HABLAR DE LORCA»



EL sueño de cualquier ‘pibe’ es debutar en la cancha de Ríver con 17 años y meter un gol. Si el mundo se acaba en ese instante sobra todo lo que no sea el último segundo. Luis Oruezábal aún lo rememora con una sonrisa pícara tiritándole en los labios, aunque su equipo, el Vélez Sarsfield, no pudiera pasar del empate a uno.

El 7 de marzo de 1974, con 21 años, llegó a Granada para jugar en Primera División: «Era un niño, ahora soy el doble». En aquel equipo militaban, entre otros, Aguirre, Dueñas o Porta, el que fuera Trofeo Pichichi. «Los viernes por la noche ya se veían gorras del equipo contrario. Eso es muy importante para una ciudad que vive del turismo. Si estás en Primera, cada quince días te toca la lotería». En aquel tiempo, en Argentina había una ley por la que no dejaban salir del país a los menores de 25 años hasta que no pasara el Mundial del 78. Pero él logró escapar de un país en el que había «vivido entre golpes de Estado» y llegó a Granada, una tierra que empezó a «querer sin conocerla», cuando escuchaba a sus padres, burgaleses que emigraron a Buenos Aires en 1948, hablar de una ciudad con un «embrujo que te atrae y no te deja escapar».

Pero cuando llegó a Granada, a su piso en el Camino de Ronda, lo que más le extrañó es que «no se podía hablar de Federico García Lorca». «En Argentina era un emblema, su historia se aprendía en las escuelas. Me apetecía conocer su casa de la Huerta de San Vicente pero no podía. Así que fui a escondidas con un pintor cántabro que nos vendía cuadros a los jugadores. Tengo fotografías tocando el piano», desvela por primera vez su hazaña.

En 1976 fundó el restaurante ‘Chikito’, el ‘hall of fame’ de la Fuente de las Batallas, por donde han pasado políticos, artistas, deportistas de la talla de Di Estéfano, Maradona o Ángel Nieto, y el mismísimo Príncipe de Asturias, que llegó sin reservar mesa un buen día de 1988 y comió una tabla de patés, jamón, merluza a la plancha y tarta de chocolate.

Con 26 años, mientras a Andalucía le colmaban las ganas y le faltaba tiempo para conquistar en la calle su autonomía, a Luis le sobró un segundo en un balón dividido en el estadio del Real Jaén y se fracturó el peroné y la tibia, una lesión que le apartó del fútbol con 26 años. «Entonces dejé de correr en el campo para hacerlo en el restaurante», claudica.

Tres décadas de tenedores que han caído a plomo pero que han dado para mucho. «Quizás no hemos mejorado todo lo que debíamos, porque es incomprensible que infraestructuras como la autovía de la Costa no estén hechas. Lo importante es que se unan los partidos políticos y miren por los ciudadanos, no por ellos», ensarta una verdad aplastante. Luis Oruezábal celebra que el sector turístico haya evolucionado, también la gastronomía granadina, y que ya nadie venga pensando que «somos unos catetos».

En ‘Chikito’ ha vivido momentos buenos y de esos que se revuelven en las tripas. El peor fue hace un lustro, cuando había comprado telas rojiblancas para cubrir todo el edificio y celebrar el ascenso del Granada a Segunda. Se gastó 700.000 pesetas. Son los grandes detalles de Luis el del ‘Chikito’.

 
Vocento